
La inmigración italiana marcó la cocina uruguaya, tanto, como la abundancia de carne. Lo usual es comer la pizza en tajadas, pero las variantes son muchísimas y todas exquisitas. Hay lugares que ofrecen fainá a la muzzarella, exclusivo y original. Para turistas de origen lejano, aclaremos que el fainá es una especie de crêpe o panqueque al horno, de harina de garbanzos.
Llamada simplemente La Rambla, es un paseo de dieciocho kilómetros atrayente e ineludible. El visitante elegirá entre las amplias extensiones de Carrasco o los abigarrados cafés y restaurantes de Pocitos. También la Playa del Cerro tiene su rambla.
La Murga uruguaya ganó perfil propio: se trata de un grupo coral que presenta en cada Carnaval un repertorio de canciones para satirizar y comentar los sucesos sociales y políticos del año transcurrido. Cuenta con un alto nivel de profesionalización, con trajes, maquillajes, arreglos musicales y una fuerte impronta teatral. La tendencia es que haya espectáculos murgueros durante todo el año, en diversas salas de Montevideo.
Un ex-mercado, conocido como el “de la Abundancia”, se encuentra en pleno centro donde se cruzan las calles Aquiles Lanza y San José, a 100 metros del Palacio Municipal. Su construcción es de arcos de hierro y mampostería de 1909. Actualmente cambió su destino para ser un centro cultural. Alberga varios restaurantes, doscientos puestos de venta de artesanos, un taller escuela de cerámica, la sede de la Asociación de Artesanos, la Casa de los Escritores del Uruguay y la institución Joventango. Los precios de los restaurantes son muy accesibles. Algunas noches se presentan espectáculos musicales.
En Uruguay se conservan muchas construcciones militares españolas del tiempo colonial. Una de ellas es la fortaleza que corona el Cerro de Montevideo, donde actualmente funciona un museo histórico. En las faldas del cerro se encuentra el gran parque Carlos Vaz Ferreira, en el que se levantó el Monumento a los Detenidos Desaparecidos durante la última dictadura militar. El transporte colectivo no llega hasta la fortaleza y las distancias desde las zonas centrales son algo largas. Sin embargo, un paseo por ahí vale la pena. La mejor manera de llegar, si no dispone de transporte propio, es en algún tour organizado. Otra posibilidad es contratar un taxi o auto remise, lo que puede costar entre ocho y doce dólares.
Junto a la Puerta de la Ciudadela comienza la peatonal Sarandí. Los sábados se instalan docenas de artesanos, pasan los tamboriles, canta algún trovador, aparecen estatuas vivientes y, tal vez, un grupo de titiriteros. El rumor de la multitud predomina. Se pueden visitar museos, galerías de arte, la tradicional feria de antigüedades de la Plaza Matriz, el Cabildo o los cafés y restaurantes del entorno.